enero 19, 2022

Puntos que pueden costar caro

Mandiyú sólo pudo empatar sin goles frente a Guaraní, un rival directo en la lucha por la permanencia. No hay mucho tiempo para el lamento, porque ya esta noche estará emprendiendo viaje hacia Salta, donde el domingo enfrentará a Juventud Antoniana.

El tiempo dirá si tres puntos sobre nueve en juego sirven o no. Hoy a primera vista se puede decir que no, máxime porque dejaste escapar unidades ante rivales directos en esta lucha por permanecer, como lo son San Jorge en la fecha anterior y ayer ante Guaraní Antonio Franco. No pudiste descontarle a los tucumanos que están arriba, ni tampoco despegarte de los misioneros que están abajo. Pero por ahora sólo se puede decir que el tiempo lo dirá.
Mandiyú se tuvo que terminar conformando con el empate en cero frente a Guaraní, en el juego que abrió ayer la tercera fecha de la zona D de la Fase Reválida del torneo Federal A en su Región Litoral Norte.
No ganó y para colmo de males lo perdió a Emanuel Tarabini por una roja directa y ayer, al cierre de esta edición, revisaban las planillas para saber la suerte de Rafael Blasco, sobre quien todo parece indicar que recibió su quinta amarilla, por lo que no podrán estar el domingo cuando Mandiyú visite a Juventud Antoniana en el “Padre Martearena” de la capital salteña.
Era el partido que Mandiyú debía ganar, no lo hizo por limitaciones propias, y hasta lo pudo haber perdido sobre el final. Fue más de lo mismo. Más de lo que se vio en casi todas sus presentaciones a lo largo de este Federal A, intenciones, pero carentes de ideas, y con el agravante de que este equipo no tiene gol juegue quien juegue en el ataque. Porque Basualdo no es más que Reinero, ni Reinero más que Feisztein, ni Feisztein más que Acosta, ni Sena más que Morales, ni la voluntad de Monje o Ramírez, porque ninguno tiene la cuota necesaria de capacidad para hacer goles, porque cuando se les presenta la oportunidad terminan rematando al bulto, no tienen esa capacidad de buscar definir de una manera diferente.
Más de lo mismo siempre. Un primer tiempo malo y un segundo jugado con desesperación. Casi un calco de lo que unos días atrás se vio en Tucumán, con la diferencia de que aquella vez perdía y el ingreso de Diego Romero trajo el gol y dejó abierta una ventana para permitir creer de que el volante podía traer soluciones a esta apatía futbolística que sufre Mandiyú.
Pero Romero sólo no puede, en el primer tiempo mostró algunas pinceladas de sus condiciones, buscando poner pelotas al claro, pero nunca tuvo un interlocutor válido, la pasaba redonda y se la devolvían cuadrada. Así es difícil por más talento y ganas que pueda tener.

A los 7 minutos, Romero habilitó a Monje que apareció libre por la derecha, y cuando el volante estuvo frente al arquero Matías Gola terminó definiendo por sobre el horizontal. Después Gonzalo Ramírez metió un buen cambio de frente de izquierda a derecha para volver a dejar a Monje en buena posición para sacar un centro que Basualdo cabeceó desviado. Luego el hijo del “Pepe”, tocó atrás habilitando a Bogliotti que apareció sobre el área grande, pero su remate se perdió por un costado, y antes de que finalice el primer tiempo, otra vez Romero buscó a Monje que metió el centro al segundo palo por donde apareció Ramírez, pero tampoco la pudo empujar al gol.
Fueron cuatro situaciones claras pero no pasaron de eso porque se sigue fallando en la puntada final. Entonces terminamos hablando de los casi gol, que no fueron gol.
En el segundo tiempo también hubo un par de casi goles. Un remate de Monje que Gola tapó muy bien y después fue Basualdo el que perdió con el uno del equipo misionero, que tapó a medias y el rebote dio en la humanidad de Ramírez, quien sólo atinó a mirar cómo la pelota se perdía por un costado del campo de juego.
Hasta allí llegó Mandiyú, que fue más que Guaraní y lo mereció ganar, pero no volvamos a hablar de merecimientos porque éste no juega. Los goles se hacen o no se hacen, porque lo mismo podrían decir los misioneros por las situaciones dilapidadas en los últimos 10 minutos del partido.
Mandiyú terminó con un hombre menos en cancha y su técnico mirando desde afuera del banco, en ambos casos por expulsiones. Es entendible que era el partido a ganar, pero es inentendible la manera en que se hace expulsar Tarabini, todo por reclamar una cuestión de devolución de gentileza, que no figura en ninguna parte del reglamento y que los jugadores parecen pensar de que siempre tiene que ser así, sin evaluar que está en la intención del adversario hacerlo.
Pasó Guaraní y no quedaron los tres puntos en casa como era de esperarse. Ahora hay que preparar rápido el bolso, sacarse el chip de este partido e inmediatamente enfocarse en Juventud Antoniana, un adversario difícil que pelea otros objetivos.
No hay tiempo para trabajar, sólo para hablar y está en la capacidad del cuerpo técnico el buscar las palabras justas para inculcarle a este grupo de jugadores, que pese a lo difícil que es, todavía tiene vida. Quizás en algún momento los casi se conviertan en realidad.