septiembre 28, 2020

Política fiscal en tiempos del coronavirus

Esto puede ser obvio, pero lo afirmaremos de todos modos: la atención debe centrarse en combatir la propagación del coronavirus, priorizando el gasto en salud para una prevención, detección, tratamiento y contención eficaces. El principal desafío aquí es evitar un colapso de la infraestructura de salud. El tiempo para el crecimiento vendrá más tarde. Además, las políticas estándar de estímulo macroeconómico pueden no ser efectivas dada la naturaleza de la crisis del coronavirus. Aunque el gasto de capital suele ser el mejor instrumento para las políticas anticíclicas, ya que tiene el mayor multiplicador fiscal, no está claro si funcionaría en un momento en que las obras de construcción pueden ser una fuente de contagio.
Dado que los servicios de salud pública son proporcionados en gran medida por gobiernos locales, éstos necesitarán recursos y coordinación rápidamente. Como en general las instituciones y la capacidad de implementación son más bajas a este nivel de gobierno, los recursos adicionales deberán ir acompañados de asistencia técnica de los gobiernos federales para que sean efectivos.
El hecho de que muchas personas perderán sus ingresos mientras permanezcan confinadas hace que sea imperativo diseñar programas de subsidios muy bien focalizados en grupos vulnerables, particularmente en aquellos que son pobres e informales. Dada la experiencia pasada, es clave que estos programas se diseñen como temporarios. Muchos países podrían llegar a dedicar más recursos a los programas de transferencia existentes, corriendo el riesgo de hacer que estas transferencias se vuelvan permanentes. Los programas estructurales, como las transferencias condicionadas, se pueden usar para identificar aquellos que necesitan ser focalizados, pero los subsidios debidos a la crisis del coronavirus deben ejecutarse a través de cuentas separadas, con claras cláusulas de suspensión para garantizar que sean temporarios. Esto será un desafío, porque hay evidencia de que existe un número importante de trabajadores pobres e informales que no están cubiertos por los programas estructurales, y este grupo es el que no puede sentarse a esperar que pase la crisis en el hogar porque vive de un sueldo a otro.
Además, los gobiernos con espaldas lo suficientemente grandes podrían ofrecer refinanciaciones temporarias en el pago de impuesto a aquellas regiones, personas y empresas más afectadas por el coronavirus. Los sistemas de seguridad social que han otorgado préstamos a pensionados podrían diferir temporariamente los pagos adeudados.
Por último, pero no menos importante, los gobiernos con suficiente espacio fiscal deberían ayudar a mantener el funcionamiento adecuado de los mercados de crédito. Ante una mayor incertidumbre, a varias empresas les resulta difícil refinanciar incluso los préstamos a corto plazo, y existe el riesgo de despidos masivos si los problemas de liquidez se convierten en problemas de solvencia para empresas que de otro modo serían sólidas. Los gobiernos pueden intervenir directamente a través de programas de compra de activos o indirectamente respaldando los programas de compra de activos implementados por los bancos centrales. Esto se está haciendo en el mundo desarrollado, donde los recursos son muchos, y permite el uso de paquetes masivos que, de ser exitosos, podrían implicar bajos costos fiscales. El desafío para los mercados emergentes es hacer esto en cantidades lo suficientemente grandes como para que esta política tenga éxito, y de manera transparente, quedando contabilizado en las cuentas públicas, con programas claramente definidos y priorizados para la compra de préstamos y bonos, y subsidios sólo para diferenciales de tasas de interés. Si esta política no se lleva a cabo adecuadamente, muchos de estos préstamos corren el riesgo de convertirse en transferencias, algo que la región no puede permitirse.
Dado el contexto actual y la gran lista de necesidades, América Latina y el Caribe debe actuar decisivamente en busca de financiamiento para un conjunto muy estricto de políticas, aprovechando los mercados de crédito si están disponibles, pero también accediendo a préstamos de organismos multilaterales. Los países más pequeños tienen una mayor probabilidad de obtener préstamos de organismos multilaterales que serán útiles en términos de su tamaño, aunque será más difícil para los países más grandes dados los recursos limitados de los organismos multilaterales. A este respecto, puede tener sentido pensar en aumentos de capital para que estas instituciones proporcionen los recursos adicionales necesarios.
En resumen, incluso en una situación altamente restringida, las políticas fiscales pueden jugar un papel importante en el contexto actual para salvar vidas y mitigar las consecuencias económicas del coronavirus. Las balas en el arsenal fiscal son escasas, pero si están bien diseñadas e implementadas, podrían contribuir en gran medida a crear resiliencia contra el impacto de la pandemia en la región.