septiembre 20, 2020

Juzgan a un supuesto clan narco que tenía a cargo cuatro “kioscos”

Los comercios fueron desbaratados durante un operativo en la capital, en zona del “Piola”. Cinco son los acusados

Ayer finalizó la última audiencia de un juicio que se está llevando adelante en la capital provincial, en el que cual figuran como imputadas cinco personas – que serían familiares entre sí – a las que se les acusa de haber manejado cuatro “kioscos” de droga en la misma zona capitalina conocida como “Piola”.
Daniel David Tabares, Hugo Javier Barrios, Ramón Jesús Ruiz Díaz, Walter Javier Godoy y Silvia Evarista Gutiérrez están siendo juzgados en el caso por narcomenudeo, en el cual hoy se conocerán los alegatos de ambas partes y es posible que también la sentencia decidida por los jueces federales de Corrientes.
Desde la Fiscalía encuadraron el delito en tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, agravada por la participación de tres o más personas.
En ese sentido, el fiscal Carlos Schaefer, entrevistado por el colega Raúl Sotelo, explicó que el grupo de imputados aparentemente tenía una buena estructura en la que además de tener bastante droga, contaba con armas de fuego y dinero.
Con respecto a las detenciones, los cinco fueron aprehendidos como resultado de un operativo de la Policía de Corrientes, cuyos agentes – autorizados por el Juzgado Federal – allanaron distintos inmuebles en el “Piola”, como se conoce a la zona del barrio Sur. Esto ocurrió durante mayo de 2017.
Los inmuebles estaban ubicados todos en un pasaje. Lo insólito, según explicó el propio Schaefer, era que aquel adicto que quería ir a comprar en aquella zona, era “guiado” para saber a qué casa debían ir a buscar tal sustancia.
“Había personas que indicaban dónde ir a proveerse”, resaltó el fiscal durante la entrevista.

Allanamientos
Asimismo se pudo conocer algunos detalles de las requisas que se hicieron sobre las viviendas señaladas como “kioscos” de sustancias. El informe detalló que en una de ellas en el dormitorio conyugal, en un cajón se encontró una bolsa de polietileno semitransparente conteniendo 78 envoltorios de marihuana tipo “bochitas”, que en total pesaron 247 gramos. En otro cajón fue encontrado un “ladrillo” de la misma sustancia, que pesó poco más de medio kilo, y arriba de un ropero otro “pan” que pesaba un kilo.
Dentro de una vivienda precaria se halló sobre una cama un trozo rectangular de clorhidrato de cocaína con un peso de 600 gramos, en un cajón de la cómoda dentro de una caja rosada había 17 envoltorios de polietileno conteniendo 8 gramos de cocaína y al lado había una bolsa con otras 41 “bochitas” de la misma sustancia que pesaron 17 gramos.
En otro otro lado se hallaron 40 envoltorios de la misma sustancia. Asimismo dentro de una heladera fueron encontrados dos trozos de marihuana, que en total pesaron casi dos kilos. Otros panes fueron hallados en esa misma casa junto con más “bochitas”.
En otra casa había 27 envoltorios de marihuana. Por último, en una cuarta vivienda, detrás de un freezer hallaron una bolsa con 10 “bochitas” de clorhidrato de cocaína y en el bolsillo de una campera había otros seis envoltorios. Asimismo fue encontrado dentro de la casa un automóvil Peugeot, en cuya gaveta hallaron más droga. En esa vivienda había dos jóvenes que aparentemente estaban comprando droga, a quienes se les secuestró las sustancias que habían ido a adquirir.
Así es que los cinco ocupantes de las viviendas quedaron detenidos.

Confesión insólita
Algo que llamó la atención de los presentes en la audiencia, según dijo Schaefer, fue que uno de los acusados relató durante su declaración que un hijo murió y que esto habría sido por un ajuste narco.
Incluso, el imputado dijo que por esa razón fue a atacar la casa de otro sujeto a quien se le adjudicó el delito. Esto no obstante no pasó de anécdota ya que en el juicio se está debatiendo otra causa.