octubre 21, 2020

Eugenia Meza habría sido asesinada por su papá

Eu­ge­nia Me­za, la chi­ca de 27 años bru­tal­men­te ase­si­na­da a gol­pes en la ciu­dad co­rren­ti­na de Go­ya, se­ría víc­ti­ma de una ho­rren­da his­to­ria de vio­len­cia in­tra­fa­mi­liar.

En este sentido su papá, un albañil de 51 años, aparece como el principal sospechoso del crimen cometido el viernes. El hombre resultó detenido el fin de semana junto a un hermano de la muchacha, ya que éste habría oficiado como encubridor al igual que un amigo de ambos.

La Po­li­cí­a, en un alla­na­mien­to en la vi­vien­da de la fa­mi­lia, ubi­ca­da en el ba­rrio Es­pe­ran­za, in­cau­tó he­rra­mien­tas (mar­ti­llo, cor­ta hie­rro) y pren­das de ves­tir. Allí, ade­más, los de­tec­ti­ves en­con­tra­ron ras­tros de san­gre es­par­ci­dos en uno de los am­bien­tes. Pre­su­men que fue el si­tio don­de mu­rió Eu­ge­nia.
El sá­ba­do a la no­che re­qui­sa­ron el do­mi­ci­lio y a la vez con­cre­ta­ron las de­ten­cio­nes de Ca­ta­li­no Me­za, pa­dre de la chi­ca (es­tá ba­jo cus­to­dia po­li­cial en el hos­pi­tal Mu­nia­gu­rria por­que se ha­bría des­com­pen­sa­do) y de un jo­ven de 21 años lla­ma­do Jo­na­tan, alias “Chue­ca”, her­ma­no de la víc­ti­ma.
“El pa­pá de Eu­ge­nia era muy vio­len­to con ella y va­rias ve­ces se es­cu­cha­ron gri­tos y llan­tos del lu­gar”, di­jo una ve­ci­na en de­cla­ra­cio­nes al por­tal TN Go­ya. La mu­jer, ma­dre de dos ni­ños, fue en­con­tra­da muer­ta el vier­nes a la sies­ta en un des­cam­pa­do a la ve­ra de la Ru­ta Na­cio­nal 12, en las afue­ras de Go­ya, adon­de la arro­ja­ron pre­sun­ta­men­te des­de un ve­hí­cu­lo. Su muer­te ocu­rrió esa ma­ña­na, se­gún es­tu­dios fo­ren­ses. Pre­sen­ta­ba frac­tu­ra de crá­ne­o, ma­xi­lar y ta­bi­que na­sal. Los in­ves­ti­ga­do­res pri­me­ro de­mo­ra­ron a la ex pa­re­ja de la chi­ca y a quien era su ac­tual no­vio. Pe­ro un gi­ro lle­vó a po­sar to­das las sos­pe­chas en el en­tor­no fa­mi­liar, en par­ti­cu­lar so­bre el pa­dre de la víc­ti­ma. Y exis­te un tes­ti­mo­nio que lo com­pro­me­te mu­cho más, el de un ami­go su­yo (de­mo­ra­do por pre­sun­to en­cu­bri­mien­to) a quien le ha­bría con­fe­sa­do ha­ber­se man­da­do “u­na ca…”