octubre 1, 2020

Chica de 17 años comerció vía Internet una computadora robada

En marzo, ladrones forzaron la puerta de una vivienda cercana al aeropuerto. Sustrajeron equipos de electrónica y dinero. Pasaron las semanas, hasta que se detectó que la menor ofrecía dichos productos mediante las redes sociales.

Una ado­les­cen­te de 17 años re­sul­tó de­mo­ra­da por la Po­li­cía en la ca­pi­tal pro­vin­cial, lue­go de ser des­cu­bier­ta ven­dien­do, a tra­vés de las re­des so­cia­les, ob­je­tos elec­tró­ni­cos ro­ba­dos.
La me­nor al­can­zó a co­mer­cia­li­zar una com­pu­ta­do­ra por­tá­til, la cual fi­nal­men­te ha si­do re­cu­pe­ra­da, lue­go de que la Po­li­cía ras­tre­a­ra al com­pra­dor de oca­sión. La jo­ven­ci­ta afron­ta aho­ra una cau­sa de en­cu­bri­mien­to. Se sos­pe­cha que no fue la au­to­ra ma­te­rial de la sus­trac­ción, si­no uti­li­za­da co­mo in­ter­me­dia­rio pa­ra efec­tuar la ven­ta y así ob­te­ner di­ne­ro en efec­ti­vo.
Miem­bros de la Di­rec­ción de In­ves­ti­ga­ción Cri­mi­nal (DIC) su­pie­ron que en si­tios de com­pra y ven­ta en In­ter­net fi­gu­ra­ban ob­je­tos mal ha­bi­dos.
Uno de esos ele­men­tos era una PC de co­lor gris, pro­pie­dad de una per­so­na que de­nun­ció su ro­bo el día sá­ba­do 14 de mar­zo, se­gún da­tos co­no­ci­dos por épo­ca.
Aque­lla fe­cha, mal­vi­vien­tes for­za­ron la aber­tu­ra de un do­mi­ci­lio en el com­ple­jo ha­bi­ta­cio­nal 250 Vi­vien­das del ba­rrio Pi­ra­gi­ne Ni­vey­ro, pró­xi­mo al ae­ro­puer­to ca­pi­ta­li­no.
Ade­más de la com­pu­ta­do­ra, de esa ca­sa sus­tra­je­ron un te­lé­fo­no ce­lu­lar y una su­ma de di­ne­ro apro­xi­ma­da a los 20 mil pe­sos.
Pa­sa­ron las se­ma­nas sin no­ve­da­des acer­ca de los mal­vi­vien­tes ni de lo sus­tra­í­do.
Sin em­bar­go, el 7 de abril, en una red so­cial apa­re­ció la ofer­ta que la ado­les­cen­te, a tra­vés de su cuen­ta per­so­nal, ha­cía de esa com­pu­ta­do­ra.
Una vez iden­ti­fi­ca­da esa per­so­na, los po­li­cí­as de la DIC co­men­za­ron su bús­que­da.
Al ser de­mo­ra­da, es­ta­ble­cie­ron que ya ha­bía con­cre­ta­do un “ne­go­cio”. La me­nor lo­gró ven­der la com­pu­ta­do­ra. Por ello, los efec­ti­vos lle­va­ron ade­lan­te un se­gun­do pro­ce­di­mien­to pa­ra ubi­car al com­pra­dor y re­cu­pe­rar el apa­ra­to.
La chi­ca aho­ra fi­gu­ra re­la­cio­na­da no só­lo al de­li­to de en­cu­bri­mien­to, si­no tam­bién al de “te­nen­cia de ele­men­to de pro­ce­den­cia ilí­ci­ta”, cau­sa en la que in­ter­vie­ne el Juz­ga­do de Me­no­res.
En tan­to, las au­to­ri­da­des in­ten­tan iden­ti­fi­car a los la­dro­nes vin­cu­la­dos a ella.