octubre 14, 2019

La leyenda del carpincho y su fidelidad en el amor

“El rey del estero” según acuña su traducción del guaraní, alude su leyenda a un mariscador de los Esteros del Iberá junto a su esposa. Hoy es uno de los animales más simbólicos de la provincia.

El roedor más grande del mundo tiene su tierra preferida y más reconocida en el interior de Corrientes, en los Esteros del Iberá. Y su historia, según se la cuenta, tiene que ver con un mariscador que vivía en un pobre tacurú de adobe y paja cerca de los esteros.

Cuenta la leyenda que Don Martín López era un hombre rudo y fuerte, de piel curtida por los soles, las lluvias y los vientos. Se desarrollaba como mariscador y vivía junto a su mujer en un pequeño rancho construido de tacurú de adobe y paja.

Había construido junto a su rancho un pequeño depósito -rústico y precario- para el acopio de los productos de su faena. Allí se podían encontrar desde cueros de yacaré y de víboras de diversos tipos, hasta plumas de garza.

Cada tanto, Don Martín, cargaba su canoa con sus cueros y sus plumas, y los llevaba a vender a los compradores que venían para ese fin desde los centros poblados. Con el dinero que ganaba corría hasta el boliche y hacía su provista, llevándole a su patrona: harina, grasa, almidón, fideos, yerba, azúcar. Sin embargo, antes se quedaba a saborear con los amigos unas copitas de caña mientras se jugaba unos partidos de truco.

Un día volviendo a su rancho en su canoa por el estero, se levantó un viento fuerte, y como la canoa venía demasiado cargada de provisiones, al chocar con un embalsado dio una vuelta campana, golpeando al hombre en la cabeza. Su cuerpo se hundió rápidamente y quedó atrapado entre las raíces y tallos de las plantas del estero, pereciendo ahogado.

Su mujer se afligió mucho cuando la noche cayó sin que su marido regresara y tomando una lámpara de aceite salió a buscarlo. El fuego volvió a jugar su papel y la golpeó brutalmente, tirándola al suelo, desmayada. La lámpara salió despedida por los aires y fue a destrozarse contra el tronco de otro árbol, haciendo que el fuego tomara el cuerpo enseguida entre la maleza seca y la paja que la circundaba.

El viento siguió soplando su furia descomunal hasta más de medianoche. Cuando las luces de la aurora empezaron a colorear de rosa el cielo sobre el estero, del agua apareció un roedor nunca visto, de piel gruesa y resistente dirigiéndose hacia el sitio que se había incendiado la noche anterior. Allí se encontró con su hembra y juntos se dirigieron hacia un sector montuoso del estero.

Cuenta la historia, y dicen los del lugar, que esos animales eran las almas de Don Martín y su cuña, que la piedad de Ñandé Yara los transformó en un nuevo animal llamado “el carpincho”.