enero 16, 2022

El barrio Virgen de los Dolores cambia su fisonomía urbana de la mano de las obras

En los terrenos del Sur de la ciudad, los vecinos jugaron un papel fundamental para que el Estado Provincial avance con el proyecto de declaración de utilidad pública y con los trabajos que se ejecutan. Cuentan con redes de servicio y soluciones habitacionales.

El barrio Virgen de los Dolores es el primer asentamiento capitalino antiguo que fue expropiado mediante una ley provincial hace unos cinco años y actualmente en la zona se ejecuta una intervención integral que incluye la urbanización del terreno, el aprovisionamiento formal de los servicios mediante la construcción de redes de agua potable, energía eléctrica, cloacas, cordones cunetas y desagües, soluciones habitacionales, generación de equipamiento comunitario, apertura de calles y la regularización dominial de los predios que son habitados de manera informal desde hace unos 50 años en algunos casos. Se realizó un recorrido por la zona donde actualmente se realizan las tareas, junto con autoridades y equipos técnicos del Instituto de Vivienda de Corrientes (Invico), oportunidad donde dialogó con los vecinos sobre los cambios que se produjeron en los últimos años y el abordaje social que debieron realizar con las familias en situación de vulnerabilidad durante los últimos años.

Abordaje territorial
El asentamiento del barrio Virgen de los Dolores se ubica hacia el Sur de la ciudad y se encuentra delimitada por el muro del cementerio San Juan Bautista y la calle Montes de Oca hacia el Norte, con la calle Gutnisky al Este, la avenida Juan de Garay al Sur y el río Paraná al Oeste, y a pesar de encontrarse relativamente cercana al microcentro capitalino, es una de las partes más postergadas de Corrientes desde mediados del siglo pasado. Pero luego de la expropiación de los terrenos privados (donde viven asentadas más de un centenar de familias de manera informal) que se realizó en 2013, en el lugar se desarrolla un ambicioso plan de obras de urbanización que busca resarcir la ausencia del Estado durante tantas décadas y mejorar las condiciones urbanas y habitacionales de sus habitantes.
Los vecinos del lugar expresaron sus opiniones con los cambios que se ven en el asentamiento, el cual dejó de ser un intrincado laberinto de pasillos para comenzar a ser un complejo habitacional adaptado al actual entramado urbano de la ciudad. “Hubo un cambio total porque muchas de las casillas ahora ya son casas y tenemos luz eléctrica, cloacas, desagües y los pasillos ahora son calles donde pueden entrar los vehículos o las ambulancias. De igual forma no vamos a estar del todo felices hasta que no le entreguen su casa y sus servicios al último vecino que vive hace décadas en el barrio”, expresó a este medio Estela, una de las vecinas del Virgen de los Dolores.
“Hace unos cinco años nos informaron que íbamos a ser desalojados y tuvimos miedo de terminar en el monte. Pero decidimos luchar por nuestra tierra y ahora vemos las obras”, expresó uno vecino de apellido Monzón. “Antes de la expropiación y cuando nos notificaron del desalojo, tuvimos que organizarnos y realizar marchas y manifestaciones para ser escuchados. Afortunadamente el Gobierno Provincial realizó los proyectos para la expropiación y desde 2013 que comenzaron de a poco las mejoras”, añadió Estela.
Uno de los aspectos más importantes en la intervención del barrio Virgen de los Dolores fue el abordaje y trabajo social realizado por los equipos de asistentes del Invico, quienes debieron dialogar y negociar en todo momento con las familias para poder ejecutar las obras. “Constantemente estamos dialogando y en contacto con los vecinos en la búsqueda de consensos para poder llevar a cabo las obras de urbanización y las reubicaciones, porque algunos habitantes vivían sobre la traza de los trabajos. La cesión de los espacios fue uno de los trabajos más importantes y arduos”, expresó la encargada del área de Sociales del Invico, Verónica Cuenca.
Durante los primeros contactos de los vecinos con los equipos técnicos, las asistentes sociales fueron evidenciando el descreimiento de los ciudadanos con respecto a los proyectos que actualmente se transformaron en obras. “Al principio me costó bastante creerles porque durante muchos años vino mucha gente con promesas nomás. Pero ahora estamos muy conformes porque vemos el avance de las obras; y yo estoy contenta porque están construyendo una casa nueva para mi familia al lado de mi casilla y esperamos poder mudarnos pronto”, expresó Selva quien vive hace décadas en el barrio Virgen de los Dolores.